HAY QUE MATAR AL BATURRO

EL ARQUETIPO BATURRO EN EL CINE

En otro artículo anterior (¿De dónde vienen los baturros?) explicábamos el origen de la palabra baturro y cómo pasó de representar a un campesino ignorante a utilizarse como sinónimo de aragonés. El baturro es un personaje arquetípico, creado para la comedia teatral y musical en el siglo XIX, que alcanzó un gran éxito también en libros de chistes y cuentos cómicos. Pero el gran lanzamiento del baturro a la fama se debe a la televisión y el cine.

 


Florián Rey estrenó la película Nobleza baturra, en 1935. El argumento (un lío amoroso en un pueblo aragonés) sirve de excusa al director para recrearse en tópicos, bromas y chistes baturros. Treinta años más tarde, en 1965, Juan de Orduña volvió a rodarla, dado el éxito de la primera. Tanto el tema como la moraleja de esta historia son conservadores, a pesar del carácter humorístico de las diferentes escenas, donde también se intercalan varias jotas famosas. Los habitantes de este pueblo imaginario van vestidos, por supuesto, con el traje de baturro estándar, totalmente artificial e inventado (calzón corto, pañuelo en la cabeza, faja en la cintura, camisa blanca con chaleco negro…). Aquí podemos ver cómo se utiliza la jota para dirimir una discusión entre dos hombres:

Estas películas supusieron el lanzamiento del baturro a la fama en el cine franquista. Se rodaron varias, aunque los actores no siempre aparezcan vestidos con el traje baturro. En todas estas películas, el carácter del baturro es siempre el mismo. Se trata de una persona del campo, con una escandalosa ignorancia del mundo actual. Tiene valores conservadores y es muy religioso y familiar. Sin embargo, está lleno de picardía y socarronería, con un humor bastante verde, grosero e impertinente. Además de todo esto, el baturro destaca por su legendaria cabezonería.

Este personaje, que suele cantar jotas cuando bebe mucho (algo también habitual) sirve para colocar sobre él todo el peso de comedias teatrales, musicales y televisivas. También resulta enormemente útil para protagonizar chistes, ripios, anécdotas grotescas… Un ejemplo muy conocido de este ignorante de la tecnología y la sociedad actuales lo tenemos en el famoso “Chufla, chufla, que como no te apartes tú…” de la película de Florián Rey:


A pesar de esta imagen gamberra y bruta, el baturro es una persona religiosa, devota especialmente de la Virgen del Pilar. No importa de qué pueblo aragonés sea. Siempre tendrá palabras emocionadas (o alguna jota devota) para la Virgen del Pilar. La asimilación a la que el españolismo sometió a los aragoneses con el Pilar la explicamos en otro artículo (La Virgen del Pilar)

Otro aspecto chocante del baturro son los enfrentamientos absurdos que tiene con el poder, ya se trate de un sacerdote o un policía. Pero estos enfrentamientos no se deben a la rebeldía, sino a la ignorancia, ya que un baturro es, por definición, sumiso ante la autoridad. Un ejemplo lo tenemos en esta discusión de La ciudad no es para mí, en la que el protagonista no sabe cuándo debe cruzarse una calle:



PACO MARTÍNEZ SORIA: LA CONSAGRACIÓN DEL BATURRO

Un actor que interpretó a baturros antológicos es Paco Martínez Soria. Sus personajes más conocidos y que terminaron de definir al baturro que todos tenemos en mente son los protagonistas de las películas del director Pedro Lazaga, La ciudad no es para mí (1966), El turismo es un gran invento (1968) y ¡Vaya par de gemelos! (1978).

No todos los personajes de Paco Martínez Soria son baturros. Algunos, como el protagonista de La tía de Carlos (Luis María Delgado, 1981) ni siquiera son personajes aragoneses. Sin embargo, sus personajes baturros servirán desde los años 70 para caracterizar a los aragoneses en todo el estado español. A esto contribuirán otros actores y humoristas, que imitaron precisamente a estos prototipos.

 

CHISTES BATURROS

Como hemos dicho, el baturro reúne una serie de características con las que resulta muy sencillo hacer chistes. Un hombre conservador, ajeno a todo lo que suena a moderno y con humor socarrón y grosero supone una fuente inagotable de chistes y por eso inundaron las películas de la época. A esto se añadía un lenguaje característico, creado a partir de vulgarismos aragoneses y un acento muy exagerado. El baturro hace gala de su manera de hablar, pero también de su ignorancia, como en esta frase de El turismo es un gran invento: “¿Usted se cree que por tener el bechillerato (sic) nos va a avasallar a todos?”


A partir de los años 70, el baturro fue explotado por humoristas en los programas de televisión. El zaragozano Fernando Esteso fue uno de los primeros en sacar partido de este arquetipo, triunfando en el verano de 1976 con la canción La Ramona:


El éxito de Fernando Esteso en el papel de paleto le llevó a grabar varias canciones de dudoso gusto, como El zurriagazo o Bellotero Pop, en las que siempre destacaba su exagerado acento, pretendidamente aragonés. Por eso, otros humoristas le imitaron y utilizaron al baturro para sus chistes, perpetuando de este modo esa imagen de ignorante con picardía. Dos prolíficos contadores de chistes de este tipo son los aragoneses Manolo Royo y Marianico El Corto:




HAY QUE MATAR AL BATURRO

El problema que tenemos en Aragón con el baturro no son las películas de Paco Martínez Soria, las canciones de Fernando Esteso o los chistes de Manolo Royo o Marianico El Corto. Se trata de espectáculos humorísticos y como eso deberían quedarse. La gravedad de este asunto radica en que los tópicos explotados por estos humoristas reflejan (aunque sea de manera exagerada) el carácter mayoritario de los aragoneses. Lo que debería ser solo un chiste o una escena graciosa es reivindicado por algunos aragoneses como si realmente se tratase de nuestra identidad.

Un ejemplo claro está en la cabezonería. ¿Cuántos aragoneses no presumen de cabezonería? Parece que la cerrazón y el empecinamiento tengan que ser necesariamente parte del carácter aragonés. Incluso se recurre al aragonés Benedicto XIII o Papa Luna (por lo de “seguir en sus trece”) para explicar este tópico, que no deja de ser un rasgo propio de alguien ignorante, que presume de no abrirse a la modernidad, como sucede con todos los baturros de los chistes.

Otro ejemplo está en la sumisión al poder y el complejo de inferioridad respecto a Madrid. El baturro no es rebelde. Ya se encargaron en el siglo XIX de promover un personaje sumiso, para acabar con nuestro carácter revolucionario, especialmente el de los zaragozanos (El 1 de mayo y la Zaragoza revolucionaria). Y como el baturro no es rebelde, muchos aragoneses prefieren ser conformistas. Parece que aguantar y tragar con todo tenga que ser algo propio de los aragoneses. Esa es la famosa nobleza baturra, que le garantiza al poder la lealtad ciega del pueblo aragonés. Por eso, Aragón es uno de los territorios más monárquicos y, por eso, Aragón es donde menos posibilidades tiene de triunfar en condiciones una huelga o una revuelta. Les costó domesticarnos, pero lo consiguieron.

Pero el baturro tiene cosas de las que enorgullecerse. Especialmente tres: el Pilar, el Ebro y la jota. Son los tres elementos en torno a los que orbita toda la identidad de los que han asumido que, más que aragoneses, son baturros. La lengua aragonesa queda olvidada. Como mucho, el baturro se enorgullece del acento y de algunas palabras que le hacen gracia (por las redes circula una canción que enumera palabras aragonesas y cuyo estribillo dice “Yo no he tenido la culpa de nacer aragonés”). La historia de Aragón solo se usa para echarla en cara a los catalanes y para presumir de haber derrotado a los franceses. No importa la realidad y molesta la historia verdadera, sobre todo si incomoda al españolismo. No olvidemos que el baturro es obediente. Por eso, para no molestar, el baturro se queda con lo que le dejan: el Pilar, el Ebro y la jota. Así es como se nos desarraiga de nuestra identidad y cóm asimilamos una cultura que no es la nuestra.

 La Bullonera, con mucha ironía, cantaba:

 Tuturururú, tururururú,

Qué suerte tenemos

los aragoneses con la Pilarica,

la jota y el Ebro.

Tururururú

Qué envidia nos tienen en todo Madrid,

que ni son tan nobles, tan burros, ni pobres

como los de aquí.

 

¿Cuánto tiempo vamos a seguir siendo así? ¿Mataremos de una vez el arquetipo baturro, para que solo exista en los chistes?











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